

“La disposición, las actitudes y la entrega generosa y caritativa que Raymundo prodigaba entre sus compañeros durante su vida de estudiante, eran fulgores tempraneros del carisma que marcaría más tarde su ministerio sacerdotal en la diócesis de Monterrey, a la cual quedaría ligado hasta su muerte.
En su figura sacerdotal se puede apreciar de qué manera se pusieron de relieve las virtudes. y exigencias que el sacerdote católico tiene que expresar en su contacto con el pueblo.
Los impulsos caritativos que de él recibieron sus compañeros en el seminario de Cuernavaca y la comunidad de Monterrey en la que prodigó su sacerdocio, pudo verlos crecer llegando a todos por igual; fuera rico o pobre, niño, adulto, o anciano, hombre o mujer, el que lo necesitaba.
El padre Aureliano Tapia Méndez, en la conmemoración del centenario del nacimiento del Siervo de Dios, escribió que "era su mano la mano amiga pronta a restañar heridas, consolar lagrimas y proteger orfandades, mano generosa movida siempre por er impulso noble del corazón del Presbítero, pródigo en ternuras y en consuelos para aquellos que acudían a él en busca, ya del bien material, ya del espiritual”.
Tomado del libro "El mundo del padre Raymundo"
escrito por Hermes Campos.)

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