|
La
ciudad está de luto; todos vestidos de negro, llorando. Parece
Semana Santa por el gentío que entra y sale de la Catedral.
Todo Monterrey ha desfilado ante el cadáver del Padre Jardón.
Está en su féretro con sus vestiduras sacerdotales. Encima
de su ataúd la bandera de la Congregación Mariana.
Primero lo colocaron en la Sala de los Congregantes, pero era tal el tumulto,
que tuvieron que cambiarlo a un salón más amplio.
Han desfilado ante él escuelas enteras, boleros, papeleros, miembros
de asociaciones diversas, señoras encopetadas, gente humilde: todos
lamentando la pérdida de un verdadero padre por lo cariñoso,
lo servicial y el interés que tomaba por las penas y conflictos
de los demás.
Mañana habrá Misa de Cuerpo Presente. De seguro que su entierro
estará muy concurrido. ¡Dios lo tenga en su gloria! Hemos
rezado y llorado mucho.
Continúo
hoy día 7.
La
Misa de Cuerpo Presente estuvo solemnísima: muchos cantores, la
Catedral llena de colgaduras negras; el ataúd rodeado de estandartes
y blandones. Los congregantes marianos con su cinta azul, hacían
guardia. Costaba trabajo entrar a la Catedral. Miles de personas invadían
el templo; todos los ojos se veían rasos de lágrimas.
Al terminar la misa desfiló el gentío al lúgubre
son de la campana anunciando la postrer salida del muy querido padre Jardón.
No se pudieron reprimir los sollozos del pueblo que se oían en
toda la iglesia e impresionaban mucho.
Todo
Monterrey se trasladó al Panteón del Carmen. Delante de
la carroza un gran trecho de gente a pie. Seguían tres grandes
carros con coronas y cruces que pasaban de 500, y 12 auto-camiones repletos
de gente. Seguían cientos de autos particulares con damas tocadas
con velo, y caballeros de riguroso luto
Aunque ahora es de Ley que los entierros vayan de prisa, en esta ocasión
no se pudo por la muchedumbre que había.
El dueño de la Agencia Fúnebre quiso que el padre Jardón
estrenara una carroza flamente que tenía y un carro grande para
los dolientes que lo acompañaban.
Los
boy-scouts del Colegio Franco Mexicano formaron valla, de la
puerta del cementerio hasta el sepulcro, para que hubiera orden.
Delante del cadáver habló el joven abogado, Emeterio Martínez
de la Garza a nombre de la A.C.J.M. Su discurso muy sentido, lleno de
verdades, conmovió al auditorio Le siguió un joven congregante,
Bernardo Ramírez Medina. Este no arrancó lágrimas,
sino sollozos a todos los oyentes. Hizo jurar a los congregantes, delante
de la tumba, que habrían de seguir la doctrina y consejos del padre
Jardón.
Volvimos del entierro con el corazón estrujado con tan tristes
emociones... |