SETENTA AÑOS HACE QUE
UNA VIDA FECUNDA SE APAGO.


Hace 70 años llegó a la meta final. Este 6 de enero del 2004 recordamos aquel 6 de enero de 1934, cuando el padre Raymundo Jardón murió callada y santamente.
Partió en madura plenitud de santidad. El que se sentía un pobre pecador voló a las manos paternales del Señor.
Su nacimiento fue un humilde jacal; su partida a la vida eterna, luminoso nacimiento, fue una apoteosis triunfal.
Setenta años hace que una vida hermosa y fecunda se apagó en el tiempo y una luz maravillosa se encendió en la eternidad.
Y a pesar del tiempo transcurrido su presencia espiritual es cada día mayor.


 

 

 


 

AQUEL 6 DE ENERO...


Toda la comunidad de Catedral se sacudió con una noticia que nadie creía. El padre Jardón había amanecido sin vida.
La noticia corrió por todo Monterrey y llenó de tristeza a nuestra ciudad.
El padre Jardón había sido una manifestación de Dios, una perfecta Epifanía para toda nuestra ciudad. El vivió esos dones que presentó al Señor como se los presentaron los Reyes Magos. El le presentó al Señor una fe sencilla y firme, atrevida y segura.
(De una homilía del padre Carlos Álvarez Ortiz un 6 de enero)

 

 

 

 

COMENTARIOS PERIODISTICOS.

Con su palabra y con su ejemplo edificaba espíritus. Atrajo en aquella evangelización a no pocos reacios a la fe, con una afabilidad dulcemente cautivadora. Ricos y pobres, de todas edades, hallaron en él acogimiento cordialísimo.
No hubo categorías sociales para aquel corazón siempre abierto a todas las expresiones afectuosas y alentadoras. A ese desbordamiento de manifestaciones benévolas se unía un vigoroso impulso de actividad que le permitía, sin cansancio, consagrarse a múltiples obras, todas ellas fecundas, para la piadosa devoción de su ministerio.
Impropias de la cristiana resignación serán estas voces, emanadas del dolor que invade y conturba los ánimos. Pero aún vigorizada por la fe, el alma se llena de angustias delante de quien pudo, por el esplendor de sus años, seguir recorriendo la vía de la peregrinación sobre la tierra para darnos el goce de aquellas ternuras que tan hondamente labraron en nuestro corazón.
C. JUNCO DE LA VEGA.

 

Hay un gran sollozo en Monterrey.
¡Ha muerto el Padre Jardón!
Pocas gentes tan populares y queridas. ¿Quién no se sentía atraído por su cariñosa jovialidad, por su benevolencia infatigable, por su espíritu de humildad y de servicio?
Todo Monterrey desfiló ante su féretro. Todo Monterrey le acompañó a la tumba, en una insólita manifestación de duelo que era como un enorme plebiscito.
¿Quién iba a creer que esa noble vida, en la robusta plenitud de los 45 años, se tronchara de pronto? Apenas una rapidísima enfermedad y el día de Reyes presentó el padre Jardón su ofrenda total a Jesús.
Dos valientes muchachos hablaron en el panteón. Fueron las válvulas de escape de aquella ardiente caldera. Lágrimas, sollozos, protesta emocionada del núcleo juvenil forjado por el padre Jardón de seguir sus normas de rectitud y de alteza.
Había que ver esas gentes en que se mezclaban y confundían la pobre sirvienta y la encopetada señora, el obrero y el industrial, el mendigo y el banquero, los jóvenes y los ancianos. Una santa fraternidad unió a todos en la común veneración del hombre bueno.
Y ¿a quién no conquistaba la irradiante dulzura del padre Jardón? El fue el eje y el imán de innumerables gentes de toda jerarquía y condición.
Fue ensalzado en vida por la veneración y el amor de todos, que hizo explosión en el doliente plebiscito final.
ALFONSO JUNCO.

 

 

 

DE UNA CARTA FAMILIAR EXTRACTAMOS ALGUNOS PÁRRAFOS QUE NOS HABLAN DEL SEPELIO DEL PADRE JARDÓN.

La ciudad está de luto; todos vestidos de negro, llorando. Parece Semana Santa por el gentío que entra y sale de la Catedral.
Todo Monterrey ha desfilado ante el cadáver del Padre Jardón. Está en su féretro con sus vestiduras sacerdotales. Encima de su ataúd la bandera de la Congregación Mariana.
Primero lo colocaron en la Sala de los Congregantes, pero era tal el tumulto, que tuvieron que cambiarlo a un salón más amplio.
Han desfilado ante él escuelas enteras, boleros, papeleros, miembros de asociaciones diversas, señoras encopetadas, gente humilde: todos lamentando la pérdida de un verdadero padre por lo cariñoso, lo servicial y el interés que tomaba por las penas y conflictos de los demás.
Mañana habrá Misa de Cuerpo Presente. De seguro que su entierro estará muy concurrido. ¡Dios lo tenga en su gloria! Hemos rezado y llorado mucho.

Continúo hoy día 7.

La Misa de Cuerpo Presente estuvo solemnísima: muchos cantores, la Catedral llena de colgaduras negras; el ataúd rodeado de estandartes y blandones. Los congregantes marianos con su cinta azul, hacían guardia. Costaba trabajo entrar a la Catedral. Miles de personas invadían el templo; todos los ojos se veían rasos de lágrimas.
Al terminar la misa desfiló el gentío al lúgubre son de la campana anunciando la postrer salida del muy querido padre Jardón. No se pudieron reprimir los sollozos del pueblo que se oían en toda la iglesia e impresionaban mucho.

 

Todo Monterrey se trasladó al Panteón del Carmen. Delante de la carroza un gran trecho de gente a pie. Seguían tres grandes carros con coronas y cruces que pasaban de 500, y 12 auto-camiones repletos de gente. Seguían cientos de autos particulares con damas tocadas con velo, y caballeros de riguroso luto
Aunque ahora es de Ley que los entierros vayan de prisa, en esta ocasión no se pudo por la muchedumbre que había.
El dueño de la Agencia Fúnebre quiso que el padre Jardón estrenara una carroza flamente que tenía y un carro grande para los dolientes que lo acompañaban.

Los boy-scouts del Colegio Franco Mexicano formaron valla, de la puerta del cementerio hasta el sepulcro, para que hubiera orden.
Delante del cadáver habló el joven abogado, Emeterio Martínez de la Garza a nombre de la A.C.J.M. Su discurso muy sentido, lleno de verdades, conmovió al auditorio Le siguió un joven congregante, Bernardo Ramírez Medina. Este no arrancó lágrimas, sino sollozos a todos los oyentes. Hizo jurar a los congregantes, delante de la tumba, que habrían de seguir la doctrina y consejos del padre Jardón.
Volvimos del entierro con el corazón estrujado con tan tristes emociones...

 

 

 

SU TUMBA EN EL PANTEON DEL CARMEN.


En Monterrey no hay tumba más visitada que la suya, ni sepulcro con más flores y luces permanentes. Flores y luces del pueblo para un santo del pueblo.

 

 

 

TRASLADO DE SUS RESTOS A CATEDRAL.

El 6 de enero del año 2002, el padre Jardón vuelve a la Catedral, donde vivió plenamente su sacerdocio. Desde esa fecha sus restos están depositados en la Cripta de esa Iglesia.
El padre Jorge Rodríguez Moya, nuestro Vice-Postulador, dijo en su homilía: “Hace 68 años de esta Catedral salieron los restos del padre Raymundo Jardón para ser sepultados en el Panteón del Carmen. Nos cuentan las personas que asistieron a ese sepelio que llegando ya la carroza al Panteón del Carmen, la gente todavía no terminaba de agruparse en la Plaza Zaragoza para ir en peregrinación hacia el cementerio. Todo Monterrey le acompañó y sintió esa ausencia.”

La carroza que llevó sus restos lucía en su techo un espléndido arreglo de flores blancas y amarillas obsequio de la Sra. Alejandra Avila, a quien de nuevo agradecemos su gentileza.

 

TAMBIEN RECORDAMOS CON CARIÑO AL PADRE CARLOS ALVAREZ ORTIZ, EN EL OCTAVO AÑO DE SU FALLECIMIENTO.


El 3 de enero de 1996 fue llamado por Dios a la Patria Celestial el padre Carlos Alvarez Ortiz, quien fuera Postulador de la Causa de Canonización del padre Raymundo desde su inicio.
Lo recordamos con gratitud y cariño. Gracias a su espíritu emprendedor y visionario, a su gran iniciativa y vivo entusiasmo, Amigos del Padre Jardón tiene su boletín mensual, lazo de unión y eficaz medio para difundir la Causa; su misa cada mes; el libro biográfico del padre Jardón titulado “El Mundo del padre Raymundo” escrito por el Sr. Hermes Campos, que de Dios goce, y varios videos.
Partió precisamente tres días antes de que se inaugurara la calle que lleva el nombre del padre Jardón.
Al padre Alvarez debemos este logro, ya que él fue quien tuvo esta maravillosa idea y puso su mejor empeño, logrando que la Autoridad Municipal aceptara hacer el cambio de nombre a la antigua calle de Ocampo.
Ese 6 de enero de 1996 hubo en nuestros corazones una mezcla de tristeza y alegría. ¡Se inauguraba la calle Padre Raymundo Jardón, pero el padre Alvarez no estaba con nosotros! Seguramente, desde el cielo. debe de haber presenciado esta ceremonia junto con el padre Jardón.

 

 

MENSAJE QUE NOS ENVIO MONSEÑOR OSCAR SANCHEZ BARBA, POSTULADOR GENERAL DE LAS CAUSAS DE CANONIZACION MEXICANAS EN ROMA, AL CONOCER LA MUERTE DEL PADRE ALVAREZ.

Recibi hoy a las cuatro de la mañana la noticia de que el padre Carlos Alvarez ha sido llamado a la Patria Celestial. Quiero decirles, en primer lugar, que me uno a la tristeza que tienen porque el Padre Carlos ya no estará entre nosotros aquí en la tierra, pero al mismo tiempo les digo que esa tristeza se tiene que convertir en alegría, no porque el padre Carlos ya no esté entre nosotros, sino porque nos dice nuestra fe que ahora goza de la paz celestial; ahora su sonrisa y su espíritu emprendedor están junto al mismo padre Jardón de quien seguramente aprendió muchas cosas, sobre todo a amar a Jesús y amar a la gente.
El padre Carlos enseñó a muchas personas el camino para Roma, el camino para la Tierra Santa, pero ahora nos está enseñando el camino para la Patria Celestial, donde no hay ni habrá tristeza sino alegría, donde reina la justicia, la paz, la vida, la gracia y sobre todo el amor.
Me uno con mis oraciones a la de ustedes para que el Señor reciba con los brazos abiertos a quien trabajó por el Reino de los Cielos aquí en la tierra.
Que el Señor le de la paz eterna y a todos los que estamos aquí que nos de la esperanza de encontrarnos algún día con el padre Raymundo Jardón y con el padre Carlos Alvarez, con todos nuestros amigos que ya se nos adelantaron en el camino de la vida, pero que nosotros los queremos encontrar en la alegría de Jesús que es nuestra Vida.

Con grande afecto y corazón.


 

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Editor: Amigos del Padre Jardón.

 

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