SALVÓ A AQUEL HOMBRE DE PERDER SU TALLER
 
"Alguno de sus bienhechores, conocedor de las necesidades que tenía el Padre para atender las exigencias que su inagotable caridad le imponía, le regaló $500.00 en efectivo, rogándole que los usara para comprar ropa para su uso personal, que bastante falta le hacía. El Padre Jardón, no bien hubo recibido aquel dinero, salió apresurado de su casa hacia el Hospital Civil, donde estaba internado un pobre hombre con grandes apuros. Era el dueño de un pequeño taller de imprenta, que estaba a punto de perderlo por embargo de sus acreedores. Aquel hombre vio abrirse las puertas del cielo cuando el Padre puso en sus manos los $500.00 que le permitieron no solo pagar lo que debía sino también comprar lo que necesitaba para reactivar su taller". 
 

 VALIOSO TESTIMONIO QUE NOS DA LA PROFESORA AMALIA GARZA GONZALEZ QUE PONE DE MANIFIESTO EL CELO SACERDOTAL DEL PADRE RAYMUNDO JARDÓN:

"En Octubre de 1932, cuando sacerdotes y fieles sufríamos la persecusión religiosa y las iglesias estaban cerradas, mi padre, amigo personal del padre Jardón, se encontraba en el hospital gravemente enfermo. El Padre, al saberlo, fue a visitarlo, exponiendo su libertad y sorteando los muchos peligros que había, pues el hospital estaba vigilado por soldados y la revisión al entrar era extrema, sobre todo para los sacerdotes.
Sin embargo él pudo llegar hasta el lecho de mi padre, lo auxilió y lo confortó con la Sagrada Comunión. ¡El Padre Raymundo llevaba dos hostias consagradas dentro de la máquina de su reloj! Ese mismo día mi padre murió."

HERMOSO EJEMPLO DE GENEROSIDAD Y DESPRENDIMIENTO

Era el dia del cumpleaños del padre Jardón y un vecino y feligrés de la Catedral llegó a felicitarlo. El Padre había recibido muchos regalos y sabiendo que aquella persona pasaba por una situación económica un poco difícil, le dijo: "Hijo , llévate este pastel para que lo compartas con los tuyos".
Llegó este hombre a su casa y él y su familia disfrutaron aquel delicioso pastel. Grande fue la sorpresa de todos descubrir debajo de la servilleta un sobrecito con monedas de oro.
El hombre fue inmediatamente a devolver al padre Jardón lo que había encontrado y él, sin siquiera ver lo que contenía el sobre, le dijo: "¡No. hijo, quédate con él, a ti te corresponde!".