Su Muerte

El día en que Dios lo recogió fue muy significativo, el 6 de enero, fiesta de la Epifanía, cuando el pueblo cristiano celebra a los Santos Reyes.
 
 
La noticia se propagó con inusitada rapidez por todo Monterrey, no únicamente entre los feligreses y entre los católicos, sino en toda la ciudad, provocando lágrimas y lamentos. Creyentes e incrédulos se hicieron presentes en las honras fúnebres y en el entierro, cuyo cortejo cubría más de veinte cuadras.
 




El padre Jardón recibió el tumultuoso plebiscito de admiración y cariño de toda la ciudad. 
 
 
 
 
Y ese pueblo sencillo y fiel sigue desbordándose en testimonios de gratitud y cariño hacia el padre Jardón, sacerdote que en su vida solo tuvo amor, bondad y caridad sin límites para sus semejantes.